Pasiones, traiciones, engaños, celos, ajuste de cuentas y muerte. Así son los temas más imperantes de las obras del poeta granadino que puso el foco en historias rurales para resaltar su drama y mostrar las actitudes y temperamentos de una España marcada por el dolor y la honra.
Como ya se ha dicho en la entrada anterior, bajo la tinta de Lorca destacan cuatro grandes obras: La casa de Bernarda Alba, Yerma, Bodas de Sangre y Mariana Pineda. Cuatro obras que, más allá de sus inolvidables tramas, guardan un perfecto retrato de las mujeres de la época, mostrando dos tipos: Por un lado, aquellas que reafirmaban la sociedad patriarcal basada en la tradición y la represión, y por otro lado, aquellas que tenían un corazón rebelde y seguían sus instintos de pasión. Es por ello que, a continuación, mostraremos seis de los personajes que retratan con exactitud características de la época y que consolidan el ambiente lorquiano.
En un primer lugar tenemos a Bernarda Alba, procedente de la obra de este mismo nombre. Una mujer tradicional, madre de cinco hijas que se queda viuda y obliga al resto a mantener el luto durante ocho años encerradas en la casa. Considerada por sus propias criadas como antipática, reprime a sus hijas de libertad alguna y las obliga a llevar el negro y a no casarse. Sin embargo, en ciertos momentos de la obra, algunas de ellas desobedecen sus órdenes y esta responde con bofetadas e insultos y negando la idea de que su hija pequeña ha perdido la virginidad, retratando así la visión machista del hombre a manos de una mujer.

En un segundo lugar, y siguiendo la visión conservadora de la mujer, destaca la madre del novio de la obra Bodas de Sangre. La madre, que no recibe nombre alguno, perdió hace muchos años a su marido y uno de sus hijos por una disputa. Vive con el dolor de la pérdida y es la representación de la honra. Su hijo, el novio, tiene intenciones de casarse con una muchacha que no termina de agradarle a la madre, pero que acepta a regañadientes porque al ser mujer no puede negarle los deseos a su hijo varón. Cuando la novia se fuga con su amante tras la boda, es la madre quien insiste a su hijo de ir en su busca y vengarlos, porque dicha deshonra no se puede consentir. Finalmente, y tras la muerte del novio y de Leandro (amante de la novia), esta arremete contra la novia tachándola de adultera y la hace vivir con la carga de culpa para que el mundo, y ella misma, la juzguen hasta su último aliento.

Por otro lado, y en contraposición a este tipo de mujeres lorquianas conservadoras, destacan aquellas rebeldes que buscan su halo de feminidad en un mundo patriarcal:
Primero, Adela, la hija pequeña de Bernarda Alba que se muestra en desacuerdo con las exigencias de su madre. Es joven y arde en deseos de sentirse amada, por lo que se entrega sin miramientos al prometido de su hermana sin contemplar las consecuencias de ello. Finalmente, cuando su secreto es descubierto por la familia, se enfrenta a su madre y a sus hermanas exigiendo su derecho a amar. No obstante, después de que su madre asesine a su amante, Adela se encierra en el establo negándose a ceder a lo que le ordenan y suicidándose al final, pues prefiere la libertad de la muerte al encierre patriarcal de su casa.

Segundo, Yerma, procedente de la obra de este mismo nombre. Retratada como una mujer tradicional que pone en cuestión la mirada masculina por su deseo inconcebible de ser madre. Desea tanto tener un hijo, y su marido no se lo da, que busca respuestas allá donde cree encontrarlas, siendo juzgada por las mujeres del pueblo y por su propio marido que la tachan de adultera, cuando siempre ha respetado a este aún sabiendo que no le iba a entregar aquello que más desea. Finalmente lo mata porque prefiere vivir en el luto de no ser madre por no tener marido que por la negativa de este. Mujer que en apariencias puede ser más conservadora, pero en el interior rebelde por su inconformismo.

Tercero, la novia de Bodas de Sangre. Una mujer pasional que está terriblemente enamorada de Leandro, pero este está casado y tan solo puede consagrar su amor en el secreto. No le queda más remedio que casarse con el novio para que su familia se quede tranquila y seguir así el destino de la muchacha de bien casada con un buen hombre, aunque en verdad no le ame. Cuando Leandro aparece en la boda y le dice de fugarse juntos, esta vacila, pero después del casamiento sigue su impulso y se marcha con él. Una vez entregados en cuerpo, son encontrados por el novio que abre una lucha entre los dos hombres que tan solo puede terminar con la muerte. Con un gran sentimiento de culpa por haber perdido a los dos hombres que más amaba, le ruega a la madre del novio que la juzgue y le quite la vida, pero esta le pone un castigo peor donde debe vivir con la culpa y la deshonra.

Finalmente, y no menos importante, Mariana Pineda. Una mujer que vivió en la realidad y que Lorca inmortalizó muchos años después por su gran admiración. Procedente de clase alta, tras perder a su marido y verse sola con tres niños, se vuelve a enamorar de un joven liberal que la influye y la insta a luchar por los de su bando. Borda la bandera liberal y, a pesar de su oportunidad de escapar, decide quedarse y dar la cara frente a la traición de aquellos que la querían corromper y el abandono de su amante que prefiere la cobardía a su honor. Mariana fue ahorcada por luchar por la libertad sin miedo, dejando así un legado de mujeres que reivindican sus derechos.
Estas son las mujeres de Lorca, mujeres que reflejan la mirada femenina de la época entre aquellas que dictan y promueven el patriarcado y entre aquellas que buscan su lugar. Mujeres libres con deseos y pasiones que no temen a la tradición, sino a la castidad de no vivir.